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Euro Digital 02 Nov 2025

El Euro Digital: ¿moneda de libertad o instrumento de control? (VI)

El Euro Digital: ¿moneda de libertad o instrumento de control? (VI)

Tiempos duros, últimamente. Como el Euro digital.

Antes de meterme en harina, quiero agradecer a todos aquellos que leéis mi blog que sigáis haciéndolo semana tras semana, mes tras mes. No está siendo fácil últimamente estar al día en todo, pero bueno, si queríamos algo blandito, haber elegido Televisión Española.

La verdad es que las cifras de tráfico últimamente están siendo muy buenas, con gran acogida en la parte del Euro Digital, lo que me anima a seguir escribiendo y profundizando sobre el tema.

Creo que tengo incluso algo de esperanza por aquello de que veo a algunas personas torcer la cabeza o arrugar la frente con desconfianza hacia la moneda que desde el Banco Central Europeo nos quieren imponer por la fuerza quieren lanzar.

En las últimas semanas se ha visto un giro del Grupo Popular Europeo en el Parlamento Europeo adoptando una postura un poco más restrictiva que la que venían adoptando, priorizando una fase offline-monedero y condicionando la parte online a que no existan alternativas privadas paneuropeas.

El euro digital navegando por europa

Aún nos encontramos sin textos aprobados sobre el reglamento del Euro Digital en los últimos plenos, lo que viene a ser que aún no hay luz verde a nada, cosa que yo, celebro muy fuertmente apretando los puñitos.

Se tenía además por cierto que en octubre la primera fase piloto del Euro Digital vería la luz. Nos han dado la matraca también muy fuertemente, incluso más que el BBVA con su OPA, acerca de que octubre era el mes. Nada más lejos de la realidad, hamijos.

Lo que sí han hecho los coleguis del BCE es seleccionar a sus compañeros de viaje en este peligroso challenge que tenemos por delante. Me da mucha pena ver algunas empresas a las que tenía en estima que se prestan a tal cosa, pero esperar lo contrario es también vivir de una ilusión falsa. Es negar hacia dónde están colocados los incentivos. Para los creyentes como yo, Dios proveerá.

Si quieres, te dejo aquí el enlace a los artículos anteriores para que puedas ponerte al día: serie sobre el Euro Digital

Quiero entrar ya de lleno en la cuestión de este artículo, en el que espero cubrir aspectos de nuestra vida cotidiana, en las implicaciones sociales y ciudadanas que el Euro Digital va a tener sobre nuestras vidas. Sin más, os llevo al foso, no sin antes mencionar mi querido disclaimer:

Disclaimer: todas las opiniones y declaraciones vertidas en este blog, representan únicamente mis opiniones y para nada vinculan a ninguna entidad, empresa, o negocio con quien tenga cualquier tipo de relación o colaboración

Implicaciones sociales y ciudadanas

Este asunto nos toca el bolsillo, pero sobre todo la cabeza. Si el euro digital llega a cuajar, no será “otra app más” y ya. Cambia engranajes que hoy ni miramos. Desde cómo pagamos el pan hasta qué rastro dejamos al hacerlo. Te cuento cómo lo veo, con calma, y sin humo.

¿Cómo sería mi día a día con el Euro Digital?

En el uso, casi lo de siempre. Pago en la panadreía, solo que en vez de efectivo o tarjeta, abro el monedero del euro digital y escaneo un QR. Hecho. La panadera lo ve al momento en su app. Le paso 20€ a un amigo por las entradas del cine y da igual si su banco y el mío no se hablan entre sí (aunque esto está más que solucionado con soluciones de interoperabilidad que están haciendo magia).

También podría elegir “Pagar con Euro Digital (BCE)” en una tienda online, igual que ahora elijo tarjeta o PayPal, quizá autenticándome desde mi banca móvil. Incluso podría llevarlo en un reloj o en un anillo con saldo offline para pequeños importes: subo al metro, pico con el anillo, y listo.

Por fuera, todo muy familiar. Por dentro, otra cosa: el dinero no va dando vueltas por media Europa entre bancos y cámaras; se mueve en la red del banco central. Y el saldo no es un apunte de tu banco comercial, sino de tu monedero “soberano”. La coreografía cambia aunque la música suene parecida.

Ahora, los pequeños giros que sí notaríamos:

Nuevo hábito: cuidar un monedero de CBDC. Ver saldo, poner recargas automáticas si baja de X, y quizá devolver a la cuenta de ahorro lo que sobre a fin de mes. Rutinas nuevas.

Menos efectivo: para la gente joven ya pasa, pero esto podría empujar al resto. Propinas, mercadillos, donaciones, la paga a los niños… todo pasaría a un wallet. Entre vecinos, vender una bcii sería acercar dos móviles y ya, - ejem, bizum, ejem -. Perdón, ha sido un exabrupto.

Pagos invisibles: integrado en apps y máquinas. Te bajas del taxi y se descuenta solo. Internet de las cosas haciendo de cajero automático silencioso.

¿A quién le afecta más?

Personas mayores: aquí está el riesgo gordo, gordo. Mucha gente mayor no se maneja con smartphones y valora el billete en la mano. Si se sintieran empujados a usar el Euro digital, crecerían la ansiedad y los errores. Habrá que diseñar algo inclusivo: tarjetas fsíicas sencillas, terminales asistidos en Correos, opciones sin líos. En España ya hay protestas por excesiva digitalización bancaria (no reirse, va). Un despliegue torpe del euro digital agravaría esa herida.

el euro digital un lobo con piel de cordero

Jóvenes y nativos digitales: lo adoptarán sin drama. Para muchos sería otra app. Si permite P2P instantáneo y sin comisiones, podría adelantar a Bizum (no lo veo, Rick). También abriría compras online sin tarjeta. Ojo: una parte tech más desconfiada lo verá como “dinero de vigilancia” y preferirá cripto. Minoría, pero ruidosa. Dios me libre de rpomover esto, por favor.

No bancarizados y rentas bajas: en Europa occidental son menos, pero existen. Un monedero básico con KYC flexible para límites pequeños podría incluir a inmigrantes o refugiados desde el minuto uno. Bien. El reto: quienes usan solo efectivo para controlar gasto o por miedo a deudas. Convencer cuesta.

Pequeños negocios y economía sumergida: si cobrar en euro digital facilita la trazabilidad, Hacienda verá más. Bueno para competencia leal, pero duele a quien vivía de “la flexibilidad” del efectivo. Algunas profesiones informales aflorarían. Macro positivo, micro con malestar. Tema sensible.

Brecha generacional: niños aprendiendo finanzas con un wallet supervisado, y abuelos atragantándose con el PIN. Dos velocidades. Habrá que acompañar bien.

Rural vs urbano: en ciudad, la red y la mentalidad empujan a lo digital. En el campo, más apego al cash. Lectores de QR sencillos, cobertura móvil decente y educación digital serán claves para no abrir otra grieta territorial.

Educación y concienciación: vendrán bulos, confusiones y phishing disfrazado de “tu monedero”. Harán falta campañas claras: qué es y qué no es, cómo protegerse, cómo reclamar. Si no, la adopción se frena.

Privacidad y confianza: la chicha

Aquí se juega el partido. La gente quiere privacidad por encima de todo. Ya lo dijo la encuesta del BCE de 2021: era la característica más demandada, por delante de seguridad o usabilidad. Y sí, el BCE promete salvaguardas. El reto es creérselas. En online, ¿cómo cumples con AML sin dejar trazas invasivas? Organizaciones civiles piden límites estrictos a datos. Normal.

Si la percepción es “moneda del Gran Hermano”, muchos la usarán lo mínimo o la evitarán. Pueden aparecer dos tribus: pro-digital feliz y pro-efectivo militante (carné en la boca, decimos aquí en la tierra de la esperanza, AKA España). Si, en cambio, hay anonimato práctico en micropagos y procesos claros para acceder a datos solo con garantías legales, el ruido bajará y la mayoría la usará para lo cotidiano.

Y un efecto colateral posible: panóptico suave. Si siento que me miran, ajusto conductas. Quizá dejo de donar a cierta causa “por si acaso”. Menos libertad de asociación, más autocensura económica. Aunque, por la parte positiva, se reducen billetes falsos, atracos por efectivo y se dificulta financiar delitos. El crimen, ya sabemos, migra: oro, cripto anónima, hawala… La sociedad formal, más limpia; la paralela, se adapta.

Cómo, ¿que no sabes lo que es el hawala? Un dia sus lo cuento en mi blog.

la marioneta del ciudadano víctima del euro digital

Sobre el panóptico, existe una teoría, de Jeremy Bentham, que habla de una prisión con torre central que permite observar a todos los reclusos sin que ellos sepan cuándo son observados. Hay un tipo, que se llama Michel Foucault que en su libro, Vigilar y Castigar (está bien, pero es un poco pesado. Yo lo abandoné), que trata este tema. Lo que vienen a decir es que la posibilidad de que me vigilen genera un autocontrol. Aunque no haya guardia activo, el hecho de poder ser observado hace que los sujetos adapten su conducta. Tiene sentido, ¿verdad?

¿Cambia el contrato social?

Aquí quizás se encuentra el punto delicado, porque claro, ¿qué es para ti el contrato social? Para mí es distinto de lo que mi vecino entiende por ello, o incluso mi madre. Pero no quiero enrollarme con esta parte, ya que el dinero no es solo pagar y ya, tiene mucho más. Es con quién ceno, qué libros compro, a qué asociación dono, dónde viajeo, etc.

Todo se infiere. Si el Estado, aunque sea en modo copiloto pasivo, queda más cerca de cada la transacción, la relación ciudadano-Estado cambia de textura. No hace falta que nadie haga nada malo, basta con la sensación de que podrían mirar. Y cuando uno siente que podrían, cambian cómo actúa.

La consecuencia práctica es lo que os comento en el anterior apartado, sobrela autocensura económica. Menos donaciones a causas delicadas por si acaso. Menos compras políticamente sensibles. Más prudencia. Menos libertad real, aunque formalmente siga intacta. Y ojo, esto no es alarmismo barato, es psicología básica aplicada al dinero.

Ahora, el contrapunto existe. Con una CBDC bien diseñada se reducen billetes falsos, atracos por efectivo y parte de la financiación de delitos. Eso mejora seguridad ciudadana. Bien. Pero el crimen no se muere: migra. A oro, a cripto anónima, a sistemas informales tipo hawala. La economía legal se vuelve más transparente, sí; la paralela busca otros caminos. Esto ya lo hemos visto cuando se limita el efectivo: bajan unos delitos, suben otros digitales.

Mi conclusión aquí no es épica. Es simple: si la gente percibe que se le vigila, boicoteará o usará lo mínimo. Si percibe límites claros, anonimato práctico en importes pequeños y controles judiciales robustos para cualquier acceso a datos, la tensión bajará. Y el contrato social aguanta.

El mío.

Preparación ciudadana y recomendaciones ante el Euro Digital

Intento concretar para que se me entienda.

Si de verdad queremos una transición que no rompa nada, propongo cuatro frentes con ejemplos claros.

lo estás haciendo todo mal, josé luis
  1. Información honesta y a tiempo: nada de invents. Campañas que expliquen qué es y qué no es el euro digital. Con ejemplos cotidianos, anti-phishing, y desmontando bulos que ya circulan. Por ejemplo, los verificadores (AFP, EU Fact Check) han desmentido el clásico “se acaba el efectivo en 2024”. No. No es así. Hay que repetirlo sin cansancio: el efectivo sigue. Hay que dar mucho la batalla sobre esto como los amigos de plataforma denaria.
  2. Privacidad que se demuestra, no que se promete: auditorías públicas. Código verificable donde proceda. Trazabilidad de quién accede a qué, con debido proceso legal claro y entendible. Nada de “confía en mí”. Mostrar pruebas y permitir que terceros revisen. Si el AML obliga a dejar huella en online, que la huella sea la mínima y con garantías, y que el anonimato práctico en micropagos esté blindado.
  3. Opciones reales, que no penalicen: la promesa de Christine Lagarde: el efectivo continúa. Perfecto, Cristi. Que no se quede en titular. Debe poder usarse sin trabas ni sobrecostes sociales. Libertad de elección. Si alguien prefiere metálico, que no se le trate como sospechoso. Si alguien quiere euro digital, que lo tenga simple e inclusivo.
  4. Casos de uso que resuelvan problemas reales: nada de “porque sí”. Vayamos a lo que duele: remesas dentro de la zona euro rápidas y baratas para familias de inmigrantes. Cobros de bajo coste para pequeños comercios (menos mordisco de intermediarios). P2P instantáneo sin comisiones. Beneficio tangible. Si al bolsillo le compensa, la adopción llega sola.

Me meto con un quinto frente que considero transversal.

Numero 5, diseño inclusivo para no dejar a nadie atrás. Para las personas mayores, tarjetas físicas sencillas o terminales asistidos en correos. Ya que la fiesta de Correos nos cuesta una pasta, que sirva para bien. Interfaces grandes y sin jerga, con soporte humano, no humanoide.

En las zonas rurales, lectores QR simples, una cobertura móvil decente y formación local si es que quieres que mi abuela lo pueda usar. Para niños y adolescentes, que haya wallets supervisados para aprender finanzas sin sustos. Esto no es un extra, es el j***do núcleo de la aceptación social.

Luego me caigo del guindo y vuelvo al inicio: es un problema de incentivos. Me vuelvo a mi cueva.

Sectarización digital del Euro Digital

Otro punto de tu texto que quiero subrayar. Puede surgir tribalismo: los “pro-cash” militantes y los “pro-digital” casi militantes también. Ya se ve en discursos de libertarios vs estatistas. Mi postura es pragmática: no convirtamos una infraestructura de pago en guerra cultural. Esto va de ingeniería cívica, no de bandos. Escuchar a economistas, sociólogos, juristas, hackers éticos, asociaciones de mayores. Balancear. Ajustar. Iterar.

Joer, antiguamente debatir significaba que podíamos estar en desacuerdo con el que teníamos enfrente pero se le escuchaba, se entendían sus puntos y se rebatían correctamente, si es que se era capaz. No se volcaba toda la ira y fuego contra la persona en sí porque pensase diferente.

el euro digital acaba con tu privacidad

Que yo me abro a debatir con quien quiera sobre el Euro Digital, siempre y cuanod no venga a tacharme de: es que tú eres... Capacidad crítica no implica encasillar o estigmatizar. Capacidad crítica implica flexibilidad emocional. Inteligencia. Materia gris emplastecida.

Conclusiones de hoy

Las implicaciones sociales del euro digital tocan fibras sensibles: la confianza del ciudadano en las instituciones, la cohesión social entre generaciones y entre los que abrazan la tecnología y los que no, y la salvaguarda de derechos fundamentales en un entorno digital.

Si se gestiona con cuidado, muchos ciudadanos pueden beneficiarse (pagos más fáciles, inclusión, seguridad de depósitos). Pero si se impone torpemente o se abusa del poder que confiere, la reacción ciudadana podría ser severa: desde rechazo masivo a protestas por la “moneda de control”.

Marc Vidal, divulgador económico, tituló uno de sus podcasts “¡Alerta! El euro digital: la moneda espía que acabará con tu privacidad y libertad”, reflejando ese sentir de alarma en parte de la población. Aunque pueda ser exagerado, es indicativo de que el euro digital se juega su legitimidad en el terreno social.

En definitiva, el ciudadano común debe ser el centro del diseño: sus necesidades, su protección y su consentimiento informado determinan el destino de esta iniciativa.

El ciudadano en el centro, no de mediocentro.

Gracias por leerme, gracias por tu tiempo.

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